Morfología del caballo de salto

La belleza del caballo reside en la ausencia de defectos. Esta breve y concisa definición entraña bastante más contenido del que en un primer momento podamos pensar. Y como defectos consideramos: los defectos morfológicos tanto absolutos como relativos, congénitos o adquiridos, las taras (que pueden haber sido producidas por acumulación de líquido, por enfermedad o por accidente), los vicios (sicológicos, físicos o redhibitorios), los problemas de cabeza, el mal equilibrio (causado por una mala conformación o por una incapacidad de manejar eficazmente su centro de gravedad -mal equilibrio estable en reposo- o de mantenerlo a los tres aires -mal equilibrio inestable en movimiento), un exceso o defecto de sangre entendiendo como tal la inadecuada manifestación de la energía que el caballo posee, la mala condición (incapacidad para realizar esfuerzos o trabajos prolongados), la falta de forma (que en el caballo es el resultado de la combinación de la sangre y la condición), y la escasa resistencia o incapacidad para aguantar la fatiga… ¡Ahí es nada! Quizás después de leer este párrafo nos demos cuenta de no nos vamos a encontrar frecuentemente con caballos o yeguas de los que podamos decir que poseen una belleza absoluta.

 

Muchos aficionados opinan que aún a pesar de tener algún defecto, el mejor caballo es al que más le gusta saltar; y también se oye habitualmente la expresión de que este caballo es demasiado guapo como para que salte bien. No sin tener bastante de certeza ambos argumentos, lo que es una realidad que por desgracia nunca falla, es el hecho de que cuando hay un defecto, con el tiempo es allí donde aparece la lesión. Y cuando hay una mala conformación morfológica, es allí, en esa zona corporal del caballo donde se produce el defecto en la técnica de salto. 

 

Para comenzar a buscar los posibles defectos morfológicos, tenemos que iniciar nuestro estudio del exterior del caballo con vistas a descubrir si su constitución física lo predispone a que su funcionalidad pueda ser la más adecuada para el salto de obstáculos (incluso para el deporte en general), o no. Es lo que denomino morfología aplicada al salto.

 

Con el término de morfología aplicada quiero referirme al análisis de la constitución física del caballo y su valoración detallada, con vistas a intentar deducir sus posibilidades en la disciplina del salto de obstáculos (aptitudes), tratar de encontrar una explicación a los posibles fallos técnicos, y buscar el trabajo adecuado para conseguir el máximo rendimiento deportivo. Como posteriormente veremos, el caballo que salta naturalmente con una buena técnica lo hace gracias al correcto funcionamiento combinado de una serie de palancas, que actúan teniendo como puntos de apoyo las inserciones en las cuales se juntan diferentes articulaciones óseas manejadas por varios grupos musculares.

El estudio de la morfología ósea del caballo de salto será el objeto de nuestro primer análisis, y deberá ser algo que descarte al caballo en cuestión, en el caso de que los defectos observados nos presagien mal futuro deportivo o una importante predisposición a futuras lesiones.

Así, este estudio deberá ser siempre un paso previo al que todo caballo que aparezca por nuestra cuadra deberá someterse antes de empezar el trabajo de doma o de entrenamiento, para mejorar su rendimiento deportivo. Un experto caballista será capaz de realizarlo en un minuto, pero ésta capacidad a la que solamente se llega tras una vida dedicada al mundo del caballo, no debe hacer que nos precipitemos en nuestro análisis. Pasar por alto algún detalle puede tener como consecuencia el que perdamos más tiempo de la cuenta en conseguir la eficacia de nuestro trabajo al no haber observado en su momento alguna característica que nos debería haber marcado qué tipo de entrenamiento era el más adecuado, o qué expectativas debemos pretender conseguir con uno u otro ejemplar de los que tenemos en entrenamiento.


Para poder empezar a realizar el estudio del funcionamiento de estas palancas y de su rendimiento, he tratado de simplificar al máximo la morfología del caballo para poder analizarlas.

En el gráfico se marca la longitud escapuloisquial (E-I), o distancia desde la punta de la espalda (vértice entre escápula y húmero) hasta el isquion (vértice entre cadera y fémur). Esta longitud, para que el caballo esté equilibrado en su conjunto, debe ser prácticamente igual a la alzada medida con bastón a la cruz (A. cruz). Si la distancia escapuloisquial es más larga que la alzada, el caballo será largo y tendrá dificultad para meter los pies. Si la alzada es más grande que la E-I, el caballo será corto de dorso, y no podrá desarrollar al máximo toda la fuerza de su cuerpo.

Por otra parte, es muy importante el paralelismo entre la inclinación de la espalda y la línea formada por la cuartilla y el eje del casco de las extremidades anteriores. Lo contrario será el presagio de una lesión que aparecerá más tarde o más temprano como consecuencia de esta falta de alineación.

Y por último, será muy recomendable que el caballo (para una misma alzada) sea  cerca de tierra; esto expresa la conformación que mantiene más bajas las rodillas y los corvejones, que supone unos tendones más cortos y por lo tanto con menor probabilidad de lesiones, toda vez que la longitud de las cañas no es el brazo de la palanca para proporcionar una mayor amplitud de movimientos, sino que son un cúbito y una tibia largos los que la aportan.

La alzada debe tener el único requisito de ser equivalente a la distancia escapuloisquial; no por ser más grande el caballo va a saltar más o mejor, ni por ser más pequeño tendrá mejor manejabilidad. En la homogeneidad del conjunto se encontrará la eficacia de la morfología, aunque es cierto que suelen ser más complicadas las alzadas extremas tanto por arriba como por abajo. Podríamos marcar como margen ideal las comprendidas entre los 166 y los 174 centímetros medidos con bastón a la cruz, aunque la experiencia nos dice que caballos con alzadas no comprendidas en ese segmento, pueden tener una excelente funcionalidad en la disciplina del salto de obstáculos.  

Morfología general del caballo por regiones

Empecemos a analizar en primer lugar la morfología general del caballo por regiones, para posteriormente ver cómo actúan las tres palancas que consiguen ejecutar el gesto técnico del salto. Nuestro estudio lo vamos a realizar siguiendo la estructura del caballo desde delante hacia atrás, y desde arriba hacia abajo. Aunque haya elegido este camino por establecer una norma como referencia, ello no significa que sea el orden de importancia a la hora de valorar la importancia de una u otra región. Se trata simplemente de seguir una rutina para nuestro análisis.

La nuca

La nuca, como parte integrante del conjunto balancín formado por el cuello y la cabeza, desempeña un importante papel en el equilibrio del caballo. Una nuca rígida será origen de un paso poco amplio y de un galope poco elástico, a la vez que será una dificultad para conseguir la puesta en mano adecuada, por presentar dificultad para dar la flexión de la misma.

En posición de libertad, natural y relajada, debe formar un ángulo aproximado de 90 grados con respecto al eje del cuello. Un ángulo mayor hace suponer que el caballo presentará problemas para flexionar y cerrar su nuca, mientras que un ángulo menor predispone al caballo a quedarse detrás de la mano o encapotado. Otra desventaja que se añade a las conformaciones que presentan un ángulo de nuca excesivamente cerrado, es la de impedir una correcta respiración, puesto que se forma un codo con un ángulo muy cerrado que dificulta la buena entrada del aire por el conducto faringe-laringe-traquea.

El cuello

El cuello debe estar proporcionado en volumen muscular al tamaño de la cabeza, y en longitud al del dorso. Su musculatura debe estar igualmente repartida entre su parte superior y la inferior. La musculatura superior del cuello facilitará la subida de éste, necesaria para el momento de la batida de los anteriores en el salto y la recuperación posterior al mismo. En cambio, la musculatura inferior trabajará para descender cuello y cabeza, movimiento que se produce tras la batida de los posteriores, y en la fase del vuelo cuando el caballo “da la cruz”.

Debe estar ligeramente arqueado de forma natural, pues esta curvatura facilitará la puesta en mano, proporcionará flexibilidad, y facilitará la correcta técnica del salto.

Su longitud desde la nuca a la cruz, debe medir las tres cuartas partes de la de todo el dorso, desde la cruz hasta el maslo, tomada siguiendo la curvatura que forma su línea superior. Una desproporción supondrá dificultad para controlar bien su equilibrio si el cuello es más largo de esta proporción, o imposibilidad de bascular eficazmente en el salto si es menor. 

La cruz

La cruz es el punto de apoyo de las palancas de los tercios anteriores y medio, y por lo tanto una de las regiones morfológicas más influyentes en el buen rendimiento físico del caballo si su conformación es correcta. Y algo que prácticamente lo descalifica para el salto, si no lo es.

Debe ser ancha, ligeramente destacada sobre sus inserciones de inicio del cuello y del dorso, y no excesivamente sensible. La cruz por desgracia nos demuestra la importancia que tiene en la funcionalidad del caballo cuando está dañada o lesionada; el caballo con un problema en la cruz es un caballo prácticamente inútil, definitiva o temporalmente, para la práctica deportiva.

El dorso

El dorso (zona situada entre los riñones y la cruz), debe ser corto y fuerte. De su fortaleza dependerá la capacidad para que las palancas del tercio medio y del posterior puedan actuar en el salto y consigan que el caballo “levante el culo”, y que pueda trabajar en liso empujando de atrás mientras mantiene ligereza en las espaldas.

Igual importancia tiene su conformación. Un exceso de curvatura (dorso ensillado) no podrá trabajar eficazmente porque el tercio posterior quedará fuera de la masa y retrasará el centro de gravedad, dificultando el empuje de los posteriores y que los pueda levantar con brillantez en el salto. Un dorso recto (de mulo) adelanta el centro de gravedad del caballo, y supondrá una rigidez que se manifestará en una técnica defectuosa del tercio posterior al saltar, y en que al empujar de atrás transmitirá esa falta de flexibilidad produciendo un exceso de tensión hacia la espalda del caballo que acaba provocando pesadez y falta de ligereza en la mano del jinete.

La espalda

La espalda influye decisivamente en la funcionalidad del caballo principalmente por su inclinación. Ésta debe ser paralela (marcada por el eje de la escápula) a la línea que forman la cuartilla y el eje del casco, que siempre debe ser continua. En caso de no haber paralelismo, el caballo debe ser descartado por su propensión a lesiones en los anteriores. Además, debe formar un ángulo de 90 grados con el húmero, y su inclinación con respecto a la horizontal, de unos 45 grados. Una espalda más vertical (algunos caballos PRE) será motivo de movimientos poco amplios, aunque tendrá más facilidad para los aires elevados y la rápida recogida de las manos. Sin embargo, la técnica de salto más adecuada para la competición moderna exige unos movimientos amplios por las distancias que los recorridos modernos exigen que cubran los caballos; por eso es necesaria la inclinación descrita. Una inclinación con respecto a la horizontal más inclinada (algunos caballos PSI) perjudicará la rápida elevación de las manos tras la batida en el salto.

Además de tener una correcta inclinación, la espalda debe ser amplia y ancha, en armonía con el cuello, cruz y pecho; esta característica supondrá fuerza en el tercio anterior.

Las extremidades anteriores

Las extremidades anteriores, además de poseer un correcto aplomo, deben estar constituidas por un antebrazo fuerte y proporcionado con la masa corporal, ser cerca de tierra (antes he explicado como entiendo este término), con una estructura fuerte de cañas que tenga un perímetro que le permita soportar las importantes presiones que tienen que resistir en las recepciones de los saltos (mínimo 23 centímetros de perímetro de cañas), y un casco bien conformado e igualmente amplio en consonancia con el peso del caballo. Estas características son igualmente deseables para las extremidades posteriores.

La grupa

La grupa normalmente expresará la fuerza de los cuartos traseros en base a su constitución y musculación, algo que no está tan directamente relacionado en otras partes del caballo. Lo más destacable de su morfología es la importancia de la inserción del nacimiento de la cola. Siempre debe caer el maslo recto y centrado, visto desde atrás; un nacimiento torcido de la cola desde atrás siempre indica caderas no equilibradas, que acaban con problemas de empuje en una extremidad posterior. Además, si la cola nace demasiado arriba normalmente el caballo no meterá bien los pies, mientras que si el nacimiento está muy bajo denota falta de fuerza en el tercio posterior.

Las extremidades posteriores

Las extremidades posteriores deberán tener las mismas características que las anteriores en lo relativo a aplomos correctos, perímetro de cañas en consonancia con la masa del caballo, y cascos bien formados.

Una técnica correcta de salto sería la que demuestra un buen funcionamiento combinado de las diferentes palancas que constituyen la morfología funcional del caballo en el salto.

 

Las principales palancas en la morfología funcional del caballo son tres:

 

Palanca del tercio anterior: formada por la cruz (punto de apoyo), espalda superior / escápula (potencia) y húmero (resistencia), con lo cual es una palanca de tercer grado.

Palanca del tercio medio: cuello (resistencia), cruz (punto de apoyo) y dorso (potencia), palanca de primer grado.

Palanca del tercio posterior: dorso (punto de apoyo), grupa superior / cadera (potencia) y fémur (resistencia), palanca igualmente de tercer grado.

 

Aunque no queramos meternos en complicados estudios de biomecánica, sí que tenemos que tener en cuenta a la hora de trabajar eficazmente para mejorar la funcionalidad, que debemos, en base a la importancia de cada parte de estas tres palancas, dirigir nuestros objetivos hacia:

–  Intentar buscar caballos con una buena conformación de los puntos de apoyo de las tres palancas: cruz y dorso. Si estas partes del caballo no están correctamente conformadas, difícilmente será un buen saltador.

Fortalecer muscularmente y flexibilizar con nuestro entrenamiento las potencias de las palancas: espalda, dorso y grupa.

Mejorar la técnica con ejercicios de salto las resistencias de las palancas: extremidades anteriores, cuello y extremidades posteriores.

 

Una vez estudiada la morfología ósea, nos centraremos en la musculatura, aunque lo primero reseñable es que nunca será un elemento tan descartante por su defecto, como uno de la morfología ósea del caballo, ya que un correcto trabajo puede mejorar muy eficazmente la musculatura.

Los músculos los dividiremos en extensores (abren una articulación), flexores (la cierran), abductores (llevan un miembro hacia el interior del cuerpo) y aductores (lo llevan hacia el exterior). Por ello es fundamental el trabajo de doma a los tres aires para trabajar todos los diferentes grupos musculares, incluyendo incurvaciones hacia dentro y hacia fuera del círculo, transiciones a aires superiores, inferiores y dentro de un mismo aire, trabajos en dos pistas, etc. Igualmente serán muy beneficiosos los trabajos diferentes a los realizados en liso: cuestas (preferiblemente al paso para evitar lesiones) tanto hacia arriba como hacia abajo, trabajos con riendas que obligan a modificar el equilibrio morfológico natural del caballo (riendas alemanas), trabajo de fortalecimiento en agua (además con el beneficio de realizarlo en descarga), etc.